Alertas para distinguir qué ayuda necesitamos ante la depresión

La depresión, para muchos, es “la” enfermedad de nuestra época. Son numerosos los jóvenes medicados con antidepresivos. Una posible explicación a este fenómeno es la paradoja que señala el contraste entre una mayor esperanza de vida y la sobrevaloración de la juventud. Se presume que la vejez es pesadumbre y sufrimiento y que no tiene sentido vivir una vida que no sea plena de entusiasmo, alegría, placer… Es decir, una vida que no esté colmada de “felicidad”.

Es fundamental reflexionar acerca de la importancia que tienen en el desarrollo de la depresión algunos males muy instalados en nuestra época. Nos referimos al malestar, a la desmotivación, al desgano posiblemente provocado por la sobreestimulación, la saturación informativa, la incitación irresponsable al consumo, las crecientes dificultades para lograr una posición estable en la vida, la no aceptación de verdades vitales como la vejez y la muerte.

Entre los acontecimientos más comunes que desencadenan un episodio depresivo se encuentra: las pérdida de un ser querido; un fracaso escolar o laboral; el rechazo de un ser querido; una enfermedad orgánica; etc. Todos estos acontecimientos pueden ser transitados como un episodio depresivo (depresión reactiva) o instalarse como una depresión prolongada en el tiempo. En ambos casos, hay un punto en común: la creencia por parte de la persona deprimida de que por sí misma no puede aliviar su sufrimiento, resolver sus problemas o actuar de forma gratificante.

La depresión, al igual que la fiebre, es solo el síntoma de males profundos en nuestra forma de vida

Distintos tipos de depresión

• Duelo luctuoso: Aparece por la preocupación en relación a la pérdida de la persona amada.
• Depresión: Sentimientos de pérdida, culpa y deficiente autoestima. El vacío es sentido dentro de sí mismo.
• Depresión bipolar: Compuesta por episodios periódicos, alternados o no. Comportamiento inestable.
• Trastorno disfórico pre-menstrual: Producida por cambios neurohormonales.
• Depresión del obsesivo: Cuando “pierde el control”. Excesivo sentido de la responsabilidad.
• Depresión post-parto: Producida por cambios hormonales y causas exógenas (abrumada por exceso de trabajo-adaptación).
• Depresión por presión social: Por tratar de cumplir con cánones de éxito o belleza que puede llevar a la anorexia.

La depresión no tiene edad determinada, puede presentarse a cualquier edad, incluso en la infancia. En general se manifiesta más entre los 30 y 50 años. Sin embargo, los jóvenes no están exentos de padecerla.

Indicios que permitan pensar en una depresión juvenil o infantil:

• Trastornos de la actividad motriz
• Retraso psicomotriz
• Alteraciones esfinterianas.
• Terrores nocturnos
• Agresividad
• Autolesiones
• Conducta bizarra
• Refugio en las drogas
• Conducta antisocial
• Trastornos de alimentación
• Miedo a estar solo o separado de sus progenitores.

También es necesario prestar atención a la depresión de la vejez. Al perder la capacidad productiva, surgen sentimientos de incapacidad, frustración y de rutina. Se pierde la capacidad de desarrollar nuevos proyectos. Cuando la depresión está instalada se la suele confundir con seudo-demencias, de ahí la importancia de un buen diagnóstico.

La depresión tiene remedio, lo importante es encontrar el camino adecuado para superarla

Por último, y considerando que corresponde solo al profesional médico o psicólogo el diagnosticar, compartimos algunas señales de alerta para tener en cuenta y pedir ayuda a un especialista:

• Un concepto negativo sobre sí mismo, que se refleja en constantes y repetidos sentimientos de culpa, inutilidad y desprecio. Disminución de la autoestima.
• Un deseo de huir y permanecer alejado del demás, unido en ocasiones a un deseo contradictorio de atención y aprecio por parte de las personas de su entorno.
• Pensamientos de muerte/suicidio. Sentimiento de desesperanza.
• Dificultades en la concentración.
• Pérdida de sueño, de apetito y del deseo sexual.
• Puede manifestarse a veces en sentido opuesto o paradojal: hipersomnia, en lugar de insomnio. Cambios en el nivel de actividad, desde abulia hasta niveles de gran excitación nerviosa.
• Fatiga o pérdida de energía cotidiana.
• Una hiper irritabilidad que se manifiesta, a veces, en agresividad sobre los demás.
• En ocasiones, abuso de la ingestión de alcohol, tabaco o drogas.
• Cuadros de bulimia y anorexia.
• Ansiedad que se refleja en distintas formas: dolor de cabeza, de estómago, taquicardias, etc.

 

Por: Lic. Gloria Husmann y Lic Graciela Chiale, coautoras de los libros “La trampa de los manipuladores”, “Vidas sometidas” y “Vidas liberadas”, entre otros. Y cofundadoras de Por el placer de pensar.

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